Sandra Gómez

Lo primero que tenéis que saber de mí es que quise conseguir un sueño y, valga la redundancia, lo conseguí. La única razón que justifica que sepáis esto antes que mi propio nombre es simple: perseguir lo que deseo me define más que deciros que me llamo Sandra Gómez y que soy de un pueblecito pegado a San Sebastián, por cierto, una de las ciudades más bonitas del mundo.

Y todo esto ocurrió en una fecha destacada; de todos los años en el calendario para nacer, lo fui a hacer en 1987, fecha que puso un hueco a mi nombre en la famosa generación Millennial. Se dice de nosotros, entre otras muchas cosas, que somos menos conformistas que la generación que nos precede. Y no puedo estar más de acuerdo: abrir Beti Beauty Boutique fue mi asignatura pendiente hasta la llegada del sobresaliente.

He pasado por un sinfín de trabajos, pero todos los he trabajado con un denominador común: el trato con las personas. En el bar de copas, en la librería y ahora en Beti Beauty, mi gratificación siempre ha sido tratar contigo. Escucharte, asesorarte y verte salir de la boutique satisfecha y feliz es uno de los motivos por los que sigo estando aquí, ahora hablando contigo y, por supuesto, invitándote a que vengas a compartir conmigo mi pasión por la moda en la plaza Etxeberri, en un rincón de Urnieta. Si lo haces, además de descubrir la última tendencia llevada de las pasarelas de moda a la calle, prometo contarte cómo la magia de una librería ahora recorre cada prenda de las perchas. Y es que hace ya cuatro años que tomé el impulso de transformar la librería Eder Denda en la boutique Beti Beauty. ¿Esfuerzo? Sí ¿Dedicación? Claro ¿Horas y horas? También… Pero, ¿sabéis que primaba por encima de todo? Las ganas, la fuerza y la ilusión. Y como os decía, como buena millennial inconformista y emprendedora, lo conseguí.

Un año más tarde, volví a conseguir otro sueño: una colección de ceremonia… ¡y qué os voy a decir! Ver la aceptación de mis clientas, ver vestidos en bodas que primero estuvieron en forma de boceto en mi cabeza y, sobre todo, ver cómo se deslizaban por la pasarela de San Telmo en la Semana de la Moda de San Sebastián, es una sensación para la que todavía no se han inventado palabras.

Cada mañana, cuando abro la puerta de la boutique no dejo de sentir orgullo por el universo que he construido a poquitos. Un mundo que me hace muy feliz y en el que pongo todo el mimo para haceros tan felices -o más- como lo soy yo.

Pero esto no acaba aquí, queridas, esto no ha hecho más que empezar. Las ya mencionadas ilusiones y ganas unidas a mis sueños me piden más, mucho más. Por lo que os invito a quedaros cerca -muy cerca- para que podáis ver crecer y crear junto a mi un Beti Beauty más grande.

Y como no puede ser de otra manera, al éxito se llega teniendo memoria. Esto me lleva a sentir la necesidad de volver a los comienzos: a ser agradecida y acordarme de todas las personas que me han ayudado en el camino. También a las que claváis la mirada en el escaparate, las que entráis, tocáis, sentís y compráis; las que nos regaláis likes, compartís vuestras últimas adquisiciones Beti Beauty y las que nos seguís en este camino.

A todos, ¡muchas gracias de corazón!